jueves, 11 de octubre de 2012

Diario de Viaje: Roma


Monumento a Vittorio Emanuele II en Plaza Venecia
El otro día estuve mirando las fotos de mis últimas vacaciones y me entró tanta nostalgia que pensé que la mejor terapia sería escribir sobre ello. De esta manera, os presento  mi diario de viaje con el deseo de que pueda servir de guía o ayuda a quien tenga pensado viajar a la "ciudad eterna".




Planificamos este viaje con mucho cariño dadas las circunstancias previas a él: mis padres celebraban sus bodas de oro y en agradecimiento a esos duros años de crianza y sacrificio para con nosotros, decidimos prepararles una agradable sorpresa:




Esta fue la tarta nupcial que encargamos a CupCake Valencia, además de unas piruletas muy graciosas en forma de corazón con sus respectivos nombres. No os imagináis lo largo y complejo que se nos hizo el trayecto para llevar la tarta a casa, cualquier pequeño movimiento en falso, podría arruinar la sorpresa en décimas de segundo. Conseguimos salvar esta misión y superar la prueba, pero vayamos a lo importante y conozcamos a los protagonistas de esta romántica historia:




No, no, disculpad... ha habido un equivocación: esta pareja también tiene su historia, pero esa la dejaremos para otra ocasión. Centrémonos en los auténticos y verdaderos protagonistas, aquellos que siendo unos pipiolos intrépidos en busca de aventuras emigraron a otro país. Él, un apuesto valenciano con cierta fama de rompecorazones y algo picaflor; ella, una dulce muchachita pucelana con el corazón roto por desamor. Se conocen en un club de reencuentro de españoles en Colonia y, de repente, ¡zas! Cupido haciendo de las suyas lanza raudo una flecha que atraviesa estos tiernos corazones de por vida.




Es obvio lo que pasó a continuación ¿no? Simplemente contribuyeron, cual pareja solidaria y comprometida con la causa, a la continuación de la especie y es aquí donde aparecemos en escena sus hijos. Sí, aquellos que decidieron que Roma sería un bonito escenario para una luna de miel inolvidable.

Nos pusimos manos a la obra, ya sabéis, todo lo que supone organizar un viaje: escoger un vuelo directo, un buen hotel, trazar un itinerario realista, etc. 

La parte más compleja fue seleccionar el hotel debido a que las estrellas de allí no se corresponden en absoluto con las nuestras. Los hoteles más céntricos dejaban mucho que desear, además estaban muy anticuados. En cierta manera, es lo normal en este tipo de capitales históricas porque gracias a los monumentos que tienen no necesitan esforzarse tanto con el turismo. El problema es que siendo yo tan sumamente escrupulosa preferí sacrificar la ubicación por el confort.

Finalmente, escogimos el hotel Eurostars Roma Aeterna, a 15 min del centro en autobús, además tenía parada en la misma puerta del hotel, así que por esa parte genial. Coger el autobús en el hotel era relativamente fácil y sencillo, la odisea llegaba al regresar, es decir, al coger el autobús desde el centro -no os imagináis lo caótico que es el tráfico y el transporte público por allá-, podías esperar tranquilamente una hora y dos en la parada. Otro punto a favor de este hotel es que los recepcionistas hablan perfectamente en español.

Una vez llegados a Roma, tampoco nos complicamos mucho la vida, ya que previamente reservamos un transfer para que nos recogiera y nos llevara al aeropuerto. Esta fue una de las experiencias más emocionantes que viví nada más llegar allí y es que ir en el coche con un conductor romano es... como lo definiría... guauuu, ¡acojonante! en el sentido literal de la palabra: velocidad de vértigo, adelantamientos por el arcén, ninguna distancia de seguridad, parloteo por el móvil. Eso sí, el señor era muy simpático y agradable -como prácticamente la mayoría de italianos-.

Una vez instalados en el hotel, teníamos otra sorpresa preparada para los novios -días antes escribimos un mail al hotel para que dejaran una nota junto a una botella de champán y una tarta-. Fue un momento mágico, mis padres estaban completamente emocionados y yo más por lo exquisita que estaba esa tarta de tiramisú ¡espectacular! Brindamos, reimos, lloramos y nos abrazamos, todo a la vez.  Después, nos dispusimos a tener una primera toma de contacto con el calor y la ciudad.

Aviso para navegantes: evitad Italia en verano. La mejor época para viajar por allí es primavera y otoño. El calor azota que no veas, y eso que nosotros venimos de una tierra no precisamente fresquita - Valencia-, pero la gran diferencia estriba en que los autóctonos no pateamos nuestra ciudad de cabo a rabo en verano, sino que nos refugiamos en nuestras casas o lugares de trabajo con el aire acondicionado hasta que el sol se pone. Obviamente la misión de cualquier turista que se precie, es salir sí o sí durante todo el día bajo cualquier condición climática. Menos mal que nuestras grandes aliadas fueron las diosas fuentes que no sólo cumplen una mera función decorativa sino que proveen al turista deshidratado de agua fría, casi helada, a cada paso.




Primera parada obligatoria en la Fontana di Trevi, por supuesto, inmortalizamos el momento del lanzamiento de moneda de espaldas y su correspondiente deseo como manda la tradición. Es una fuente tan bella que impresiona todavía más verla en directo, es como si la plaza se quedara pequeña para la espectacularidad de la misma. 

La pena es que esté terminantemente prohibido bañarse en ella, pues los 43 grados que hacía invitaba a un sugerente baño. Me tuve que conformar soñando despierta que  interpretaba el papel de  Anita Ekberg en Dolce Vita llamando a mi Marcelo...




Lo cierto es que los tres primeros días los dedicamos a explorar la ciudad, sus alegres plazas, sus monumentos, etc. He de reconocer que de todas las grandes capitales que he visitado, me quedo sin duda con Roma, por su espectacularidad, los rincones tan  bellos que encuentras, las vistas privilegiadas...




Esta foto si no recuerdo mal, la hizimos desde la Villa Borghese. Fue un día muy duro ya que por la mañana habíamos visitado el Coliseo, el Foro y el Palatino, y justo a las 3 de la tarde teníamos reservada la visita a la Galleria Borghese, casi no nos daba tiempo a llegar y como no aparecía ningún autobús por ahí,  decidimos patear desde el Foro hasta la Villa... imaginaos mi cara cuando estamos casi llegando, con toda la solana que nos caía encima, y veo una  enorme callecita cuesta arriba para llegar al parque. Se me hizo de noche, literalmente, pero la cosa no acabó ahí: después de hacer cola para ver la Galleria nos esperaba una escalinata para subir al palacete, jajaja. Ahora me río, pero os aseguro que en ese momento no me hizo ninguna gracia.

Salimos de la Galleria a las 6, aún no habíamos comido, pero estábamos tan cansados que pensamos en que sería una buena idea alquilar uno cochecito - esos que utilizan en los campos de golf- para  ver toda la Villa. Nos acercamos a preguntar al hombre de los alquileres, rellenamos un formulario y nos pide el carnet de conducir: oh wait! ¡nos lo habíamos dejado en España!

El hombre hace la vista gorda, nos lo alquila igualmente -debió ver la desesperación y el cansancio en nuestros rostros-  nos pide que tengamos cuidado con los carabinieri -policías- y con los niños que pasean por el parque. Había que darle algo de emoción al asunto, así que nos relajamos y recorrimos el parque sin ningún altercado. Después, como manda nuestra tradición acabamos en el Hard Rock Café y no es porque la gastronomía italiana no esté a la altura ni mucho menos, pero llevaba tantos hidratos de carbono en el cuerpo que sentía la necesidad de darle más proteínas -ya os hablaré en otra ocasión de los exquisitos spaguetti alle vongole-.






¿Os imagináis a los gladiadores recorriendo estos pasillos?? Increíble ¿no? Menuda cara de embobada se le queda a una viendo estas cosas... Un momento, me acabo de dar cuenta de que no tengo ninguna foto del exterior del Coliseo. Pues vaya, es lo que suele pasar cuando el ansia por recorrerlo todo te invade el cuerpo, que se te olvida inmortalizar ciertos momentos. De todas formas, tampoco creo que vaya a aportar nada al estudio arqueológico con una foto más del Coliseo por fuera.




En el foro me deleité viendo los restos de lo que fue este gran imperio. Lástima que metan esos clavazos al facturar el equipaje porque me habría llevado una piedrecita de recuerdo, jeje. Es todo tan tan espectacular y  grande que durante todo el viaje no dejaba de mirar absorta lo que había a mi alrededor ¿pero cómo hacían estas construcciones??¿pero quién era el guapo que tallaba la piedra? De repente, me venía a la mente recuerdos de mi infancia cuando me equivocaba en clase de dibujo y el profe me rompía la hoja para que volviera a empezar; pues bien, no dejaba de pensar en el menda que tallaba esos enormes bloques de piedra, narrando esas fabulosas batallas épicas... imaginaros una pequeña equivocación lo que supondría ¿qué pasaba, entonces? ¿el maestro le daba un mazazo al pedrusco y vuelta a empezar con otra? ¿hacía alguna pequeña chapucilla para camuflar el error? No puede ser... qué maravilla.







Sí, este es otro de los monumentos que te recuerda tu lugar en el mundo y lo insignificantes que somos. La sensación que te produce entrar en el Panteón es de ser pequeñita, pequeñita... En la foto las columnas parecen normales, pero conforme te vas acercando te percatas de que has caído en un trampantojo - trampa ante el ojo, ilusión óptica- y aprecias su considerable diámetro, es imposible abrazarlas -admito que me aferré a ellas con los brazos, ofreciendo una bonita estampa/escena de turista anonadada-.

Una vez dentro, sigues flipando más y más ¿pero cómo narices se sostiene este tremendo monumento sin columnas en su interior? Al parecer la clave está en la cúpula y los materiales utilizados, pero como no tengo ningún tipo de conocimiento arquitectónico o ingeniero, dejo esta cuestión para los expertos/as en materia.




La luz entra a través del oculus, impresiona bastante ver ese haz de luz que cae sobre el panteón y que simboliza el sol. Esta parte es la más marciana, es como ver "Encuentros en la tercera fase", parece que en cualquier momento van a descender por ahí los habitantes de Andrómeda.

Cuando hace mal tiempo también llueve dentro del Panteón ¡qué bucólico y qué sabios nuestros antepasados!




Imperdonable sería que fueseis a Roma y no callejearais por el Trastevere, barrio emblemático de Roma muy pintoresco. Por la noche es una maravilla cenar en cualquier trattoria o restaurante de la zona, para después terminar tomándoos una copa en cualquier garito, ya que es también una zona de marcha con gran trasiego de gente. Esta foto la hice mientras tomaba tranquilamente un mojito en la terraza de una bar rodeada de palomas descaradas que al menor descuido se subían a tu mesa para robar cacahuetes.



La visita al Vaticano también fue un día duro, comenzamos viendo los Museos Vaticanos, previa reserva por la web, y fue lo mejor que pudimos hacer dadas las colas que se forman para comprar las entradas allí. No recuerdo si pagamos 4 euros más por hacer la reserva por internet, pero vamos es altamente recomendable que lo hagáis si no queréis perder unas cuantas horas haciendo cola.

Después de esta visita - empleamos aproximadamente 4 horas para verlo todo bien- nos dirigimos a la Necrópolis, cuya visita la reservamos con mucha antelación porque debido a cuestiones de conservación de la misma, el acceso está restringido a unos grupos reducidos al día. Sólo se puede visitar con la reserva previa. Envías un mail al Vaticano escribiendo las fechas en las que vas a viajar y el idioma en el que quieres la visita, entonces has de esperar a que ellos te confirmen la disponibilidad y te den una fecha concreta. Si reserváis muy tarde, es posible que no queden plazas - aconsejan reservar con un mes de antelación-.

En la Necrópolis lo que encontraréis son tumbas paganas, al igual que en las catacumbas - sólo que éstas son cristianas, nosotros sólo visitamos las catacumbas de San Calixto y la verdad es que no nos gustó nada el guía, la visita fue muy breve, las explicaciones escasas, absurdas y el hombre se las daba de listillo-. En cambio, el guía de la Necrópolis aunque no hablaba muy bien español - era suizo-, al menos era más agradable y la visita mucho más amena. Bueno, no os voy a contar las batallitas ni tampoco voy a entrar a discutir las creencias de nadie, pero el hecho de barajar la posibilidad de que San Pedro estuviese enterrado allí, pues... bueno, cumple una función propagandística importante. Al igual que los siglos de peregrinaje a Santiago es y ha sido una gran publicidad para la Iglesia, pero tampoco se ha conseguido demostrar que Santiago pisase la Península Ibérica.

La visita finalizó en la Basílica y como podéis ver en la foto de arriba, la vista desde la cúpula es de lo más privilegiada. Os adelanto que yo no tomé la foto porque mis pies no me dieron para más, así que me quedé en tierra firme.

Por cierto, el día del Vaticano, tras haber leído numerosos avisos en foros, blogs, etc. incluso en la misma entrada advierten acerca de "mantener el decoro al vestir", es decir, nada de tirantes ni faldas por encima de la rodilla -vaya, lo que viene siendo no enseñar demasiada pechuga-, y después de seleccionar escrupulosamente mi ropa para la visita - por poco me enfundo un burka-, descubro atónita que en el control de la guardia, hay mujeres que llevaban tirantes, ¡incluso algunas palabra de honor!





Uno de los puntos atrayentes para las fashion victim son las calles comerciales por excelencia desde la vía del Corso - con firmas más asequibles a los bolsillos- hasta la increíble via Condotti que conecta con la Plaza de España y destaca por sus lujosas marcas: Chanel, Dior, Hermés, Cartier, Bulgari, Ferragamo, Versace, Tiffany, Gucci, Prada, Jimmy Choo, etc.

Me quedé con las ganas de comprarme un Furla, pero es que ya había picado con otro bolso de una marca florentina: Braccialini. A ver si me animo pronto a hacer un outfit con este original bolso.

Mención especial para la coqueta Galleria Alberto Sordi -en Roma no está muy instaurado el concepto de centros comerciales, sin embargo, ésta merece la pena visitarla- donde  el Tito Amancio tiene parte de su imperio inditex haciendo acto de presencia.



Y de momento, aquí me detengo para hacer un descanso y rememorar el genuino aroma y sabor del capuccino -y eso que no soy muy cafetera, pero admito que me hinché a cafés y algún que otro helado-. Así que me despido por el momento con un "continuará..."

Siempre vuestra, Pauline.

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14 comentarios :

Iván dijo...

Preciosa Roma ! me ha encantado el tour !
que bonita la tarta nupcial , menuda sorpresa tan linda .

Besos

http://www.thetrendysurfer.com/

beliluna dijo...

Menudo tour, qué suerte. In besote.

Anónimo dijo...

Muy bonito viaje, serías una guía estupenda para culquier lugar. Besos.

Patricia dijo...

Me encanta!!!No conocía tu blog pero ya te sigo.Espero que te guste el mío y que me sigas,un besi

www.mylovelyfashionstyle.blogspot.com

Beatriz Canto dijo...

Que viaje tan bonito, que envidia! Tengo unas ganas locas de volver a Roma es una de mis ciudades preferidas

besis!!

Aydita dijo...

Roma tiene que ser precioso! un beso

chic style dijo...

Hermosas fotos! Me encanto la foto antigua! Besos

Sol_y_Luna dijo...

Me encanta Roma, es una ciudad preciosa a la que tengo que volver. Unas fotos preciosas.
Besos

Ainoa 13♥ dijo...

Preciosas las fotos, me encanta Roma!

Dobleuvve dijo...

Roma es preciosa, siempre hay ganas de volver!

Alba dijo...

Como me gusta Roma!!! Que pasada tus padres! 50 años juntos! enhorabuena para ellos!

xoxo

Me salen alas dijo...

GUAUU!! Que post más chulo,amo ITALIA. Yo tengo uno ahi en la recamara a ver si lo retomo... Un beso gigante, tienes un blog genial ¡¡te sigo la pista!! Te espero en www.mesalenalas.es Por cierto, que pena haber llegado tarde al sorteo, tenia una pinta estupenda ;D

Immaaurora dijo...

me encanta roma, yo tambien estuve, a ver si un dia me animo a escribir de ello

http://losviajesysibaritismosdeauroraboreal.blogspot.com.es/

Xokolat Blogger. dijo...

Cuando estuve en roma no pude entrar en el colisseo no se fue como una mala sensacion muy fuerte no se una cosas mas rara!!

tendre que volver :-)

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